Este montaje parte de una anécdota sencilla: un escritor es
atendido en un hospital por un mal recurrente producto de la debilidad de sus
costillas. El personaje espera que sea un chequeo de rutina, pero se ve
obligado a internarse. Esto termina siendo un pretexto para un viaje en el
tiempo, en el cual el protagonismo de los recuerdos del personaje es
compartido entre el vínculo con sus amigos de la infancia y la relación fallida
de sus padres.
La forma en que está compuesto el texto guía al espectador
por tres líneas temporales. Una de estas líneas muestra el tiempo ‘real’ del
personaje durante su internamiento. Aquí se observa su relación con un










